domingo, julio 16, 2006

Pasifae

Pasifae cuerpo de falsa virgen, en grandes cópulas bacanales,
Sueño alucinante de poses de bestia asesina, en cósmicos y vesánicos viajes psicotrópicos.

Pasifae madre de lo absurdo,
entre coitos y falsas nupcias,
sueño de siniestros lujos en indómitos fuegos que son Pasifae, lentas prolongaciones de mis sentidos hechizados, ejecutados a menudo sobre tu espalda lechosa, que te lamenta por las calles, sola y golpeada,
porque la bestia seguramente arremetió encarnizada en contra de tu naturaleza que suele ser devastada y cálida, porque las leches allí depositadas cubren hasta el tope de tu vientre, en donde tu pequeña bestia se alimenta enardecida y asomada por los matinales desgarres que te asolan cada vez que te cubres de tus fantasías de armazones y falsas células que lo engañan todo.

Pasifae déjame ser la bestia que te atraviese todo, que irrumpa lejana en tu madriguera de mentiras y exceso.

Pasifae el sueño termina entonces,
tu cintura y tus muslos facilitan la embriaguez que poseo en mi boca,
en brutales sacudidas que nos vuelcan arrítmicos sobre osadas danzas
siderales, que resucitan en mí a la bestia que te devasta y que me invita al viaje como un gusano devorador.

sábado, mayo 20, 2006

Dolores

I

Entre paredes marginales se espanta de los ruidos, caminando zigzagueante, tropezando con ella misma, con sus ropas destruidas, borracha de dolor, mientras las esquinas la recuerdan, y los hoteles baratos se atiborran de mujerzuelas de lenguas rojas.

Ella lo sabe, su cara triste la delata, rota y en mil formas se desperdicia por el mundo volcánico, inflamando sus alas oscuras, adormecida en boreales orgías, llena de soledades en sus manos, vomitando piedras y troncos, ebria y de manera infragante entre los infiernos más puros.

II

Manos que recién vuelven, tras el toque de mis vagabundas huellas,
remolino cáustico de perfumes exóticos,
venenos en mis ojos de vistas perdidas,
tóxicos regocijos embriagantes,
colores extemporáneos
figuras, símbolos, formas simultáneas,
caminando cerca de las sombras,
reteniendo el aire y sintiendo la desesperación como un lento vicio que te come la piel, entre vientos de licores fuertes que se estrellan sobre mi garganta cortada, como filos mareados de muerte.

III

Dolores tiene los ojos muertos,
y sus piernas caminan perdidas en calles oscuras,
ella alumbra hijos muertos de pesadillas,
niños de manos pequeñas que dulcemente se llevan su vida que fue echada en soledades púrpuras.

Dolores se corta el vientre,
intentando quizá matar los malos tiempos,
reventando en sus abismo lágrimas tristes,
ahora se sienta, y espera a sus soledades,
que la matarán en los otoño de abril, partiendo en principio desde lejos
con sus rodillas cortadas, con todo lo de siempre.